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En
Gesell, las almas jóvenes tienen sede en el picadero, una casita
puramente rústica y con mucho clima. El aire melancólico y
corrosivo de Joaquín Sabina alterna con la cadencia jamaiquina de
Bob Marley, y enmarca una propuesta para la tarde o la noche: Una
Cerveza Artesanal fría sobre una mesa hecha con troncos. Encima,
una picada de antología: aderezos y fiambres caseros con una muy
buena variedad de quesos, champiñones y berenjenas en escabeche. La
construcción de las pioneras en la zona y sirvió de abrigo a unos
de los primeros capataces del viejo Gesell. Hoy es el segundo hogar
de Julio Bernardi, quien se enamoro de los bares holandeses y
decidió montar desde el verano del ´96, una sede argentina en lo
que antes era una sencilla casa de té.
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